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sábado, 18 de octubre de 2008

MAR Y PSICOLOGÍA

MAR Y PSICOLOGIA
Para el ser humano el mar siempre ha tenido su encanto y el barco es para el marino el lugar de trabajo, pero además es el lugar donde debe poder descansar, tener tiempo de ocio y relacionarse con otra gente. La tripulación de un barco está estructurada dentro de un sistema jerárquico y departamental, en el que el rol profesional acompaña a la persona las 24 horas del día, todo esto da lugar a grupitos que a su vez se dividen si sus componentes son de diferentes nacionalidades y además en un habitat que está en continuo movimiento, aislado de la sociedad, lejos de su familia y del hogar.
En este ambiente los marinos desarrollan una manera de ser y de actuar que les hace sentirse diferentes al resto de los demás y que puede dificultarles posteriormente su incorporación a la sociedad de tierra.
Durante los últimos años he conocido varios marinos mercantes y siempre he oido el tópico de la soledad del marino.
La sensación de soledad es la más marcada que pesa sobre el hombre de mar.
Cuando una persona embarca por primera vez, se encuentra en un medio que le es extraño, en el que rigen unas normas de vida, unas relaciones, unas costumbres y hasta un lenguaje peculiar.
Los tripulantes forman grupos reducidos donde pueden comentar sus ilusiones o preocupaciones interiores que necesitan echar al exterior. Allí donde la persona se sienta desprotegida tenderá a establecer estos grupos. En puerto, los tripulantes en su tiempo libre, suelen salir a tierra en pequeños grupos. Si un tripulante sale habitualmente solo a tierra es visto como una persona de la que habrá que desconfiar. Si la tripulación lleva mucho tiempo junta puede ocurrir que:
a) hay incompatibilidades, que lejos de suavizarse, se van haciendo más acusadas
b) las distintas maneras de reaccionar ante un contratiempo y el aislamiento prolongado puedan quebrar lo que inicialmente era una buena relación
c) los subgrupos que se forman pueden mantener una pugna interna que a medida que pasa el tiempo se va agudizando
d) el trasiego de tripulantes altera la estructura de estos subgrupos; es beneficioso cuando sirve para deshacer aquéllos que sean causa de malestar general a bordo, y negativo cuando con ellos se destruye una relación cordial a bordo.
Otro impedimento a que se creen vínculos estrechos es el hecho de que los tripulantes no siempre vuelven a coincidir en el mismo barco y de que si proceden de lugares distintos, tampoco tendrán ocasión para continuar una posible amistad. Incluso, en el caso de habitar en la misma población, a veces, cuando están de vacaciones no desean verse para no acordarse del barco.
El autoritarismo es otro factor de tensiones. Hay que tener en cuenta también que una gran parte de la flota mundial navega con tripulaciones internacionales, en las cuales los mandos son de un país y el resto de la tripulación de otros.
De esta forma débilmente amparados por unas legislaciones poco definidas y, en cualquier caso, sometidos por el temor a perder el puesto de trabajo, los tripulantes de muchos de estos barcos, ven en el capitán a un ser poderoso, al que se teme y obedece.
En los barcos, todo el mundo sabe que, tenga una persona el cargo que tenga, sufre igualmente la soledad, la lejanía del hogar, los peligros que la mar supone, las incomododades de un temporal y, por tanto, que en medio del océano es más lo que une que lo que separa. La gente de mar suele tener un sentido de la solidaridad muy desarrollado, por lo menos en lo que a aquellos aspectos compartidos de la vida de a bordo se refiere.
Las costumbres y las tradiciones tienen mucha importancia y tienen aspectos diferenciales según el tipo de barco y también su nacionalidad, pero aún así, hay una serie de aspectos comunes, que permiten hablar de lo que Hernández Izal denomina "subcultura de la gente de mar" y en cuanto a los rasgos comunes a la mayor parte de los marinos resume así:
a. una limitación de horizontes, dentro de la propia profesión, que le lleva a pensar en desembarcar, si tiene otras aspiraciones,
b. un cierto conformismo, en cuanto a su situación como tripulante,
c. una sensación de seguridad a bordo, frente a una inseguridad cuando se enfrenta a ámbitos más amplios,
d. una adaptabilidad a personas, climas, países, etc.,
e. la exigencia de unos mínimos de espacio privado e íntimo,
f. la versatilidad y aptitud para el desempeño de diversos cargos y de hacer frente a situaciones nuevas,
g. un acusado sentido comunitario, como respuesta ante la situación de contingencia que se da en el mar,
h. una actitud muy crítica ante las personas externas, que se mueven en torno al barco (naviero, agentes, etc.)
Además debemos de tener en cuenta una serie de aptitudes típicas de la gente del mar, como es la tendencia instintiva a asegurar los objetos que se colocan sobre una mesa o una repisa, los hábitos de un sistema ordenado de vida, marcado por unos horarios que se repiten día a día, la disponibilidad de dinero al llegar al puerto, el hábito de fumar tabaco caro y beber buenos wiskyes (que a bordo son baratos), ordenar el tiempo por llegadas y salidas de puerto y no por días laborables o festivos, etc.
Entre las consecuencias personales de la vida a bordo pueden encontrarse:
a. Mutilación del yo. El espacio íntimo, puede ser causa de mutilación del yo, cuando falta. Una persona necesita un espacio, por pequeño que sea, en el que se pueda sentir en intimidad, donde nadie pueda entrometerse, donde sea dueño de hacer lo que le apetece, donde pueda estar solo consigo mismo.
b. Ruptura de la relación entre el individuo actor y sus actos.
c. Respuesta del tripulante ante la situación a bordo. Aquí Joseba Beobide en su libro "La soledad del marino" (Barcelona, 1993) comenta el caso de un pescador de altura que no tenía familia y que cuando el barco llegaba al puerto base, después de seis u ocho meses de campaña, mientras los compañeros se disponian a disfrutar a tope de las semanas de vacaciones que les correspondieran, él buscaba inmediatamente otro barco enel que embarcar. Mientras navegaba estaba tan solo o tan acompañado como cualquier otro y, entonces se sentía un miembro más de la tripulación. En tierra, cuando todo el mundo tenía una familia con quien reunirse, él se sentia realmente marginado.
Dado que los vascos fueron los primeros que cazaron la ballena en barcos. Primero cazaron las ballenas enfermas que iban a vararse a nuestras playas, después se cebaron con su carne y con su grasa para sus lámparas y se echaron en barco a la mar. La palabra arpón viene del vasco arpoia. Nuestros antepasados llegaron cazando ballenas desde Terranova, Escandinavia, y allí les enseñaron a los noruegos a cazar la ballena.
Por todo ésto y por mucho más los psicólogos tenemos también que acordarnos de nuestros hombres de la mar.
Alberto Ignacio García de Jalón Arrizala Colegiado E-3095
Artículo publicado en la revista Berri Orriak en el año 2000

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